"Camaradas: El hecho de que el escritor tome un partido no quiere decir siempre que tenga razón. De este modo, y a menudo, para honrar su espíritu, se deja llevar —con la mejor buena fe— por pasiones personales, en las que hay poco lugar para el espíritu. Dibuja una línea recta, con un punto de salida y otro de llegada. Pero si observamos esta línea detenidamente, la vemos formada como el filo de una sierra.
Este tipo de intelectual provoca, como reacción, un tipo contrario: el escritor que se niega a tomar un partido, que ve en las cosas lo blanco y lo negro, lo mejor y lo peor, Dios y el Diablo, y sólo tiene la preocupación de mantener entre ellos el fiel de la balanza. Para él no puede existir nunca razón cuando toma un partido. Le parece incompatible marcarse a sí mismo una elección, menos aún, una inclinación; ha de planear. En esto la línea que traza puede no revelar ninguna deformación; pero ya no es una línea recta, forma un círculo, en cuyo centro está el escritor.
Si consideramos, por ejemplo, las guerras que han estallado en el mundo desde principios de siglo —dejando a un lado las guerras coloniales— no veremos una sola en la que uno de los adversarios haya podido motivar la adhesión total del espíritu. Unos y otros imponían dudas, prevenciones, esto es, imposibilidad de tomar parte en el juego. La más larga y terrible de ellas, la de 1914, ha demostrado a los hombres de buena fe, por la masa de documentos que posteriormente se publicaron sobre sus orígenes, que únicamente los escritores que le negaron su adhesión, habían permanecido al lado de lo real y de lo justo. No cayendo en la trampa, no solamente se dieron satisfacción a sí mismos, sino que cumplieron un deber.
Pues bien; he aquí que hace un año dio comienzo en Occidente una guerra que ha trastornado todos los principios. Una guerra tan simple, tan pura, que ha obligado al intelectual a intervenir, que ha exigido de él que intervenga, una guerra que no hace pensar en ninguna otra, sino en uno de esos errores judiciales, como el que conoció mi país hace cuarenta años.
El pueblo, atacado, se defiende. Con todo empeño. El, que tiene todos sus derechos, tanto legales como morales, piensa que proclamarlos una vez más ante el mundo libre, bastará para poner término a la injusticia. Nosotros sabemos cómo ha respondido el mundo 'libre', excepción hecha de la U. R. S. S. y México."