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ACTA · DELEGACIÓN DE ESTADOS UNIDOS

Malcolm Cowley

Intervención en el II Congreso (1937)

Amigos, colegas de todos los países, escritores de España:

En este Congreso Internacional de Escritores hay docenas de problemas literarios cuya discusión yo desearía escuchar. Por ejemplo, yo querría oír las opiniones de mis colegas con respecto al nacionalismo en la literatura, hasta qué magnitud es valioso y hasta qué magnitud es peligroso para la Humanidad entera. Yo querría escuchar sus ideas sobre literatura proletaria; cómo se ha desenvuelto durante los últimos siete años, y por qué sus resultados han defraudado esperanzas en ciudades como Francia y los Estados Unidos. Yo querría oír, discutir antiguos problemas, tal como el de la función de la crítica y las relaciones entre la literatura y la sociedad.

Espero que otros podrán llevar adelante esta discusión. En otro tiempo, en otros sitios, yo podría contribuir con mis propias ideas. Pero aquí, en Valencia, me encuentro en la imposibilidad de decir lo que yo había pensado escribir en Nueva York. Aquí, en Valencia, lo único que sustrae mi atención, con exclusión de cualquier otra idea, es la guerra contra el fascismo español, alemán, italiano, internacional.

Cuando observo la lucha magnífica que sostiene el pueblo español, cuando veo las penalidades y bombardeos que soporta a cientos de kilómetros del frente, y cómo este pueblo se está incorporando a una nueva vida, creando una nueva disciplina y organización desde abajo, en una nación donde antes todas las órdenes venían de arriba, entonces yo no puedo hablar sobre cuestiones literarias. Y, en realidad, soy demasiado modesto para hablar de nada. Camaradas españoles, hemos venido aquí todos nosotros no para advertiros, sino para ser advertidos; no para enseñar, sino para aprender.

Pero también cada uno de nosotros ha venido aquí con un claro cuadro de condiciones en su propio pueblo y de la actitud hacia la República española. Y me parece que el único servicio que hoy puedo prestar es presentar un franco informe de la opinión pública en los Estados Unidos. Esta se halla engañada; es la única opinión general que se puede dar sobre ella. Se la engañó al principio con la propaganda fascista, y al cabo de un año sigue engañada. Pero empiezan a notarse señales de creciente hostilidad contra Alemania e Italia, y una simpatía también creciente hacia la República española.

En julio de 1936, la tendencia natural del pueblo americano era simpatizar con un Gobierno democrático, atacado por terratenientes y militares. Pero el pueblo americano tenía que sacar sus informaciones de lo que le decía la prensa, y una parte de esta prensa, al principio, era violentamente fascista. Esto es particularmente verdad, por lo que se refiere a William Randolph Hearst, dueño de periódicos en más de veinte ciudades americanas.

El 19 de julio, todos estos periódicos iniciaron una campaña en favor de Franco. Campaña tan furiosa y tan bien preparada, que parece poderse decir que Hearst debía haber tenido conocimiento de antemano de la rebelión. Ha mantenido siempre estrechas relaciones con Mussolini y con el Gobierno alemán.

Y así, el mensaje que traigo de los Estados Unidos no es tanto una «oferta» de ayuda como una «petición» de ayuda. Escritores españoles, compañeros españoles: os ruego que nos habléis de vuestras propias luchas, de lo que habéis hecho en el frente y en la retaguardia, de cómo habéis contribuido para levantar la moral y a construir una nueva sociedad, mientras continuabais escribiendo poemas, de algunos de los cuales podemos apreciar, en nuestras defectuosas traducciones, su alto valor.

Decidnos cómo os podemos ayudar, qué podemos escribir en vuestro favor, qué auxilios os podemos enviar. ¡Compañeros: el mensaje importante no es el que yo traigo aquí, sino el que espero poder llevarme a mi país!