"Hace cinco días, en la madrugada del día 5, llegaba el que os habla al frente de Granada. Los milicianos y soldados saludáronme y se acercaron los evadidos para decirme cuáles eran las últimas noticias de lo que en Granada acontecía. Podéis imaginaros, aquellos que me conocéis, con qué ansiedad yo preguntaría por la suerte cierta que había cabido a una persona que no necesita ser nombrada porque está en la conciencia de todos. Para algunos sería como un hermano; otros teníamos con él una relación filial. Las noticias fueron éstas: tres veces ha sido necesario ensanchar el cementerio de Granada. ¿Por qué? Seis catedráticos de la Universidad, comenzando por el rector; cinco de los once diputados de izquierda, un cuantioso grupo de profesionales y 14.000 obreros. No eran bastantes los tres ensanchamientos, y fue preciso entonces distribuir los muertos por los alrededores de Granada.
En uno de los pueblos vecinos a Granada, y cuando iba por el camino hacia ese pueblo, fue fusilado Federico García Lorca. Hoy ya sé dónde está enterrado. Fusilado, ¿por qué? No porque se llamara Federico García Lorca. En él fusilaron a la poesía, no al poeta.
Al retirarme, meditaba sobre el sentido y significación de lo que había acontecido en Granada, y me afirmaba en lo que hoy, más que en la voz de España, es la gesta de España, no lo que dice, sino lo que hace, y es el mejor de los decires, lo que está conmoviendo al mundo y está poblando la conciencia del mundo de emociones, de ideales y de presentimientos.
El problema español tiene enormes dimensiones. ¿De tipo geográfico, político, nada mas? No, no. Lo que aquí se está jugando es la suerte de la concepción del nuevo hombre, del nuevo hombre que está buscando al mundo desde que la crisis de la post-guerra se hizo manifiesta.
¿Qué puede aportar España a esa concepción del nuevo hombre? Camaradas que me escucháis: la historia de España es mucho más profunda y trágica y más compleja de lo que se nos suele enseñar. Hoy existe una razón para que, al criarse esta conciencia de comunidad, no sea una conciencia de comunidad vacía. Y es que no es una conciencia intelectualista, sino real o ideal. Como real, ha bebido en el dolor, en el que no quiso beber el siglo XVI ni el siglo XIX; y al beber en el dolor, ha recogido la unidad del espíritu, que es mucho más que la vida intelectual, vida intelectual que no es sino una parte ínfima de la vida del espíritu.
Ahí está el mundo de la emoción, el mundo de la poesía, el mundo de la pasión, el mundo incluso del absurdo, que para el español es un valor maravilloso y vital. Yo lo he dicho más de una vez a algún amigo francés: O usted se prepara para comprender lo absurdo, que visto con los ojos de la razón no tiene sentido, y visto con los ojos de la pasión se llama lo humano, o usted no entenderá a mi España. Y no entenderá tampoco aquella magnífica distinción de Pascal: 'Il y a une logique du coeur et une logique de la pensée'. Los pueblos que tienen lógica del pensamiento tienen una lógica; pero los que tienen una lógica del corazón también la tienen. Y el pueblo simbolizador de esa lógica del corazón, en Europa, se llama España.
Camaradas: Si hay algo contrario a esto hoy en el mapa espiritual del mundo, es el fascismo, porque niega las dos afirmaciones que a nosotros más nos importan: de un lado, la sustantividad de la individualidad; de otro, el valor de la comunidad como centro autónomo de la creación espiritual. El trata de sustituir a esto por una organización coercitiva que va de fuera adentro, en vez de venir de dentro afuera, que es lo único que tiene valor creador en el mundo de la cultura."