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ACTA · DELEGACIÓN DE INGLATERRA

Stephen Spender

Intervención en el II Congreso (1937)

Cuan imposible para nosotros, que representamos a los escritores de Inglaterra aquí en Madrid, la tumba del fascismo, el olvidar a nuestros camaradas, a estos escritores e intelectuales para los cuales el frente de Madrid también fué una tumba: Ralph Fox, Christofer St. John Sprigg, John Cornford, son los dirigentes naturales de nuestro movimiento de sostén a la democracia española. Tras ellos, nosotros, que nos acercamos ahora, debemos sentir que estamos fuera del centro de esta lucha donde cayeron.

Pero otros escritores que encontramos en España, son vínculos entre nosotros y los muertos: Tom Wintringham, Ralph Bates, y nos vinculan también con los centenares de escritores desconocidos de la Brigada y con los camaradas internacionales que luchan, camaradas como Ludwig Renn y como Miguel Hernández, el pastor de Málaga que ha llegado a ser a la vez un soldado de la civilización y el poeta emocionante y profundamente imaginativo de esta guerra.

Nosotros recordamos todos, con la más profunda emoción, lo que vimos ayer en un pueblecito donde almorzamos:

Los niños, cantando La Internacional delante de nuestras ventanas, bailando, saludándonos; las mujeres, que lloraban la ausencia total de sus hombres, me preguntaban si no había un miembro del Congreso que pudiese explicarlas en español si habíamos comprendido su suerte. Extremadamente conmovidos por aquella escena, no había ni uno de nosotros que no llorase o no sintiese ganas de llorar.

Cuando nos marchamos, yo había aprendido, y pienso que todos habían aprendido, dos de las lecciones que nos enseña la España de hoy:

Primero, que aquí, en las ciudades y en las aldeas, sufre todo un pueblo.

Segundo, que los crímenes del fascismo, en Badajoz, Irán, Durango y Guernica, no sólo son crímenes cínicos y bárbaros en un mundo burgués, dominado según los principios del imperialismo, sino que también son dañinos moralmente y que, según los principios de la civilización que nosotros defendemos, aquellos dirigentes que están perpretando estos crímenes en España, son condenados en la historia y en la verdad abstracta, eterna.

El mundo capitalista no tiene ninguna moralidad para condenar cualquier acto, cuando está perpetrado en el nombre del comercio y del capital. Nosotros, los del movimiento revolucionario, nosotros, que somos poetas e intelectuales, vemos con una indignación creciente el crimen del fascismo, y afirmamos con una desesperación creciente, que no hay ningún punto en el capitalismo que sea vulnerable moralmente por el fascismo, porque el fascismo ejerce una moralidad de violencia y de avidez, que es la moralidad misma del capitalismo.

España ha enseñado al mundo que todavía existe la vía moral.