Un soldado de nuestro Ejército Popular, un soldado que durante muchas semanas, meses, combatió en las trincheras ante Madrid, preguntó un día: "¿Es bonita la ciudad que defendemos?"
Era un camarada que, "en mil ocasiones", había demostrado conocer bien la causa por la que se bate. Pero la ciudad protegida, arriesgando su vida diariamente, no la conocía. Solamente de lejos había entrevisto sus torres y sus rascacielos; únicamente sabía que existe y que debía permanecer en nuestro poder. Sabía que el enemigo quiere destruirla y la va destruyendo todos los días. Sabía también que si Madrid sucumbiese ya no sería Madrid, sino una ciudad lúgubre, triste, muerta. Y se imaginaba cómo nosotros, después del combate, después de la victoria, curaríamos a Madrid de sus heridas, y cómo haremos, de esta ciudad de trágica grandeza, la ciudad de la vida y del bienestar humano.
Bajo el tronar de los cañones y el tableteo de las ametralladoras, millares y millares de hombres aprenden a leer y a escribir; en un solo sector, uno de los que más ferozmente disputamos, ante Madrid aparecen no menos de 120 diarios del frente, redactados por soldados, que ayer todavía no sabían leer. En las proximidades de la Ciudad Universitaria, a 30 metros del enemigo, se encuentran bibliotecas que responden a una necesidad ya ejercida, que ha despertado durante los meses de guerra. Aquí, no solamente se defiende la cultura, se la conquista, se la renueva, se la vive intensamente.
En estos días en que tantos hombres mueren por esta gran causa, a la cual los mejores hombres de todas las épocas dieron su vida, esta causa única por la cual vale la pena de morir: la libertad. En estos días en que ya no son las palabras ni los gestos, sino los tanques y los cañones los que deciden la suerte de las generaciones y de los pueblos; en estos días en que unos centenares de kilómetros de trinchera separan el pasado del porvenir, nosotros no contamos más que con la lucha apasionada de nuestros hombres y con la fuerza de los cañones.
Sabemos muy bien que obtendremos la victoria porque la cultura está de nuestro lado. No venceremos por la cultura, pero queremos vencer con la cultura y por la cultura. Con la cultura de los tiempos pasados, con la cultura viviente, con la cultura del porvenir.