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ACTA · DELEGACIÓN DE FRANCIA

Tristán Tzara

Intervención en el II Congreso (1937)

El problema del intelectual que se plantea hoy con más intensidad, es el de la conciencia: la conciencia del escritor y la conciencia que el escritor debe despertar en las masas. Intentaré tratar estos dos aspectos del problema, aspectos de un solo y mismo problema. Pero únicamente podremos establecer un debate sobre este asunto desde su ángulo actual, pues es evidente que, desde que el hombre piensa, en cada uno de los grados de su desarrollo, la adquisición de su conciencia y su devenir, ha sido el centro de todas las preocupaciones de la razón humana.

Ciertamente, la mayoría de los escritores, tanto por sus orígenes como por el mundo de las ideas en que vivían, se han situado hasta aquí al margen de las luchas sociales. A lo sumo, ha podido influir en ellos el carácter efectivo de estas luchas. Pero en el momento en que estas luchas estáticas se convierten en luchas dinámicas, en el momento revolucionario que hace estallar la guerra, ante la conflagración general de todos los elementos de una civilización, el escritor, si no quiere correr el riesgo de desaparecer como tal, debe tomar posición.

Por desgracia, hemos visto escritores que vuelven a una torre de marfil que su razón había condenado hacía mucho tiempo. Hemos visto a escritores que, en nombre de la razón misma, se refugiaban, si no en una indiferencia ante los acontecimientos, por lo menos en un estado de ánimo en que la justicia y la humanidad no tienen nada que hacer, y que, bajo la aridez de una balanza de carácter puramente mecánico, oculta la condenación de toda participación activa.

En esta tesitura, hemos de habérnoslas con el espíritu de no intervención aplicado de manera efectiva al mundo de las letras. Toda la juventud del mundo condena unánimemente a este falso espíritu. ¿Cuáles son hoy los escritores que, basándose en una ideología pacifista o antimilitarista, aplican íntegramente los preceptos formulados en monopolio burgués a un estado de cosas que representa precisamente la transformación de este estado?

El reconocimiento de estos fenómenos sociales, ante los que el escritor no puede quedar indiferente, implica de su parte el reconocimiento de una conciencia revolucionaria. Se sitúa sobre un nivel superior, en relación con la conciencia pacífica de las épocas prerrevolucionarias. Nada puede impedir la indivisibilidad del espíritu humano. Establecer en este dominio una separación artificial sería ir contra la naturaleza de las cosas.

Si la finalidad sigue siendo la misma, la dignidad del hombre en la conciencia y la libertad, sería criminal la aplicación en épocas revolucionarias, de yo no sé qué principios paradisíacos como reivindicación inmediata que la realidad de las cosas hace imposible o perjudicial. Por esta razón, la palabra puede ser un arma más terrible que los cañones más potentes.

He visto aquí, en los frentes, a campesinos que de buen grado han renunciado a cuanto tenían, pero que, no obstante, al adquirir ese mínimum de conciencia de que son también hombres —pues que precisamente esto es lo que se les negó durante siglos de opresión—, se han sentido lo bastante maduros para dar sus vidas en lo sucesivo unificadas.

No nos engañemos: además de la adquisición de una conciencia revolucionaria en el escritor, hay que despertar en las masas la conciencia de la calidad de hombre y el deseo de alcanzar la dignidad. Las masas son flotantes; el papel del escritor es enorme en la batalla que ha de librar para romper su indiferencia.

El poeta ya lo ha dicho, es un hombre de acción. Hasta aquí ha rechazado su deseo de acción y lo ha sublimizado para crear un mundo suyo, en el que la plenitud humana podía darse libre curso. Después de los trágicos acontecimientos —¡mas cuan llenos de esperanza!— que laboran vuestra tierra española y elevan el espíritu a alturas de una inexpresable pureza, hemos visto a estos mismos poetas identificarse con vuestra lucha. Esta lucha ha sido la solución de sus conflictos interiores. Nada puede impedirles ya que luchen hasta la victoria total, y esta victoria será una nueva luz que brillará en el horizonte del mundo entero como una señal definitiva de todas las victorias que se trata aún de ganar, y también de merecer.