"Valencia fue pues, durante año y medio, la capital de la República y el más importante foco intelectual de la nación."
— Juan Gil-Albert (1975: 213)
Juan Gil-Albert fue durante los años de la Guerra Civil uno de los escritores republicanos más activos de la Aliança d'Intel·lectuals per a Defensa de la Cultura de València (AIDCV), testigo y protagonista de las más importantes iniciativas que se desarrollaron en Valencia entre noviembre de 1936 y octubre de 1937, el tiempo en que Valencia fue capital de la República española.
L'Aliança d'Intel·lectuals per a Defensa de la Cultura de València (AIDCV), fundada en la ciudad el 24 de abril de 1936, se constituyó tras el 18 de julio de aquel trágico año 1936 como la organización unitaria y frentepopular de la intelectualidad antifascista valenciana, a la que se afiliaron artistas y escritores, tanto los antiguos militantes de la Unión de Escritores y Artistas Proletarios (UEAP) como los de Acció d'Art.
Su creación no fue una iniciativa local o espontánea, sino que respondía a los acuerdos adoptados por el Primer Congreso Internacional de Escritores para Defensa de la Cultura, celebrado en París entre el 21 y el 25 de junio de 1935, un Congreso que tuvo una enorme resonancia internacional y del que también se hizo eco la prensa valenciana, en especial de los discursos de escritores como André Gide y André Malraux.
El 9 de agosto de 1936, el diario valenciano Verdad publicó el Manifiesto de adhesión de la AIDCV al gobierno republicano, que firmaban, entre otros, Max Aub, Juan Gil-Albert o Josep Renau, futuro director general de Bellas Artes del Ministerio de Instrucción Pública.
Gil-Albert, antes del 18 de julio de 1936, fue un escritor republicano partidario del Frente Popular que, sin militar en ningún partido político, se afirmó como enemigo radical del Candente horror fascista, título de uno de sus libros poéticos de 1936 anteriores a la guerra. Un «compañero de viaje» del Partido Comunista de España que, sin ser marxista, simpatizó entonces abiertamente con la revolución soviética y con el socialismo. Años a los que, al inicio de Los días están contados, se referirá posteriormente como los años de «mi aventura de la revolución».
La voz comprometida de Gil-Albert se fundamentó en su sensibilidad social ante la injusticia capitalista y ante la realidad de la lucha de clases. Hijo de una familia burguesa acomodada y perfecto ejemplo de «señorito», el suyo fue un compromiso ético en defensa de las clases sociales explotadas (obreros y campesinos), de los valores clásicos del republicanismo histórico y de los valores del humanismo socialista. Un compromiso ético en el que influyó decisivamente la actitud de engagement de un escritor tan admirado por él como André Gide.
Tras el 18 de julio de 1936, Gil-Albert fue un poeta «leal» al gobierno republicano y a la causa popular antifascista que, durante los primeros meses de la Guerra Civil, asumió la función del poeta como juglar de guerra. Su «Romance valenciano del Cuartel de Caballería» fue la expresión «caliente» de su coraje e indignación contra esos militares fascistas sublevados en este cuartel de la Alameda valenciana.
Cabe resaltar la popularidad de este «Romance del Cuartel de Caballería» en aquellos primeros meses de guerra, romance del que la sección de Publicaciones de la AIDCV publicó en 1936 una primera edición de 5.000 ejemplares. Además de este romance temprano que, como veremos, Gil-Albert recitó en varias ocasiones, los «Tres romances de Juan Marco», el «Romance del buque rojo» y otras composiciones, cimentaron su prestigio como poeta combatiente durante la contienda.