[Nota del archivo: El poeta vanguardista Tristan Tzara, uno de los fundadores del dadaísmo, fue una de las figuras clave del congreso. Su evolución del nihilismo estético al compromiso político antifascista marcó el tono de las sesiones inaugurales en Valencia.]
Amigos y camaradas:
La amenaza fascista nos ha obligado a replantearnos la función misma del arte. Hubo un tiempo en que creíamos que la poesía podía existir en el vacío, como una rebelión puramente formal contra las convenciones burguesas. Pero la realidad de las bombas cayendo sobre la población civil nos ha devuelto brutalmente a la tierra.
La defensa de la cultura no significa conservar los privilegios de una élite intelectual. Significa defender el derecho del pueblo a la belleza, a la educación y a la vida creadora. El artista no puede aislarse de las luchas de su tiempo, porque el fascismo no hace distinciones: destruye tanto al trabajador en la fábrica como al poeta en su estudio.
Estar hoy en Valencia es un acto de afirmación vital. Estamos aquí para demostrar que la fuerza bruta puede destruir edificios y quemar bibliotecas, pero no puede aniquilar la voluntad humana de construir un mundo libre y justo. La poesía de hoy se escribe con la sangre y el valor del pueblo español.
(Extracto de la intervención leída en francés durante la jornada inaugural).